20 octubre, 2015

 

El compromiso más importante de mi vida es liberar al mundo de la pobreza y a eso he dedicado gran parte los 64 libros que he escrito en las últimas décadas, expresó el doctor Bernardo Kliksberg, catedrático de la Universidad de Buenos Aires, reconocido como una “autoridad mundial en temas de pobreza” y a quien recientemente la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) otorgó el grado de Doctor Honoris Causa, por su trayectoria académica y sus aportaciones en diversas áreas del desarrollo económico y social.

Ética y economía, lucha contra la pobreza, responsabilidad social empresarial, alta gerencia, capital social, son algunas de los temas que el investigador argentino ha abordado a lo largo de su trayectoria, lo que le ha llevado a asesorar sobre estos temas a más de 30 países, así como a organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, la UNESCO, UNICEF y la OIT, entre otros.

Entrevistado a propósito de su investidura como Doctor Honoris Causa, el doctor Kliksberg dijo que cuando hablamos de pobreza “nos referimos a 800 millones de personas que hoy sufren hambre, en un mundo que podría dar de comer a 12 mil millones”; es decir se trata de un problema de acceso a los alimentos por falta de ingresos, pero no de carencia de alimentos.

Pero la pobreza se manifiesta también en que hay dos mil 400 millones de personas que no tienen instalaciones sanitarias, 900 millones sin agua potable y mil 400 que carecen de electricidad. “Y la pobreza mata, no es una abstracción; 18 mil niños mueren diariamente por razones evitables, de acuerdo con cifras de la UNICEF”.

“Mi compromiso es luchar contra la pobreza”, insistió el catedrático, porque con el desarrollo tecnológico que se tiene hasta hoy “no hay ninguna manera, ningún pretexto” para justificarla, señaló.

En ese sentido es también un compromiso de vida luchar contra las desigualdades, porque hoy tenemos la peor desigualdad de los últimos 30 años en el planeta, donde uno por ciento tiene 48 por ciento del producto bruto mundial y 86 personas tienen más que los 3 mil 600 millones con menores ingresos. Esta desigualdad es la causante central de la pobreza, afirmó.

Es necesario, dijo, luchar por una economía y una sociedad acorde con valores éticos. “La ética no es ningún misterio. La ética bíblica lo que plantea es que todos los seres humanos seamos los unos responsables por los otros; que no cedamos a la tentación del egoísmo total como actúan los miembros del uno por ciento más rico”, sino que “sigamos el camino de la solidaridad y comprendamos la necesidad de comprometernos con mejorar el mundo y hacerlo uno donde quepan todos. Ese es mi credo y en eso estoy desde la enseñanza.

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