29 marzo, 2016

Desde hace una década, ante la falta de empleo en México y Europa, cada vez son más visibles los casos de hubs o sistemas de trabajo colectivos (coworking) conformados por jóvenes que buscan llevar sus ideas al mercado de forma independiente y con un enfoque que, desde la antropología económica, recuerda a las economías tribales de los pueblos primitivos.

“Es un fenómeno de muchachos creativos, una suerte de emprendedores freelance que no necesariamente terminaron los estudios universitarios, pero que están organizados entre sí como colectivo”, señaló la doctora Carmen Bueno Castellanos, académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, quien tiene 40 años de experiencia en el ramo de la antropología industrial.

Versados en las nuevas tecnologías y reunidos en una suerte de comunas, estos jóvenes se coordinan por medio de la red y buscan apoyo monetario en financiamientos que les permitan subsistir, tales como el angel funding (donaciones a fondo perdido por parte de algún benefactor); el crowfunding o micromecenazgo, por medio de campañas en línea de recaudación de fondos; el respaldo de fundaciones y otros instrumentos paralelos a la banca, a la cual no recurren en busca de préstamos.

Por medio de la investigación interinstitucional Nuevas formas de organización productiva: el trabajo colaborativo incrustado en la red virtual, la doctora Bueno une esfuerzos con el Programa de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa y el Centro de Investigación e Innovación en Tecnologías de la Información y Comunicación (Infotec), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, con quienes analizará con rigor científico cómo se construyó este modelo y qué viabilidad real tiene, comparando casos de México y España, donde su crecimiento ha sido exponencial.

Poco interesados en tener un empleo o estilo de vida estable, los jóvenes que participan en estos modelos poseen una gran capacidad de movilidad y de reinvención; prefieren el trabajo colaborativo; buscan que su espacio y dinámicas de trabajo sean lo más lúdicas posibles; aspiran a conseguir el reconocimiento y éxito alcanzado por sus gurús; poseen una filosofía que busca aportar a la sociedad o al medio ambiente antes que percibir una ganancia; tejen redes horizontales, y tienen interés en los productos orgánicos y en el uso de vehículos sustentables como la bicicleta.

Sin embargo, la filosofía de estos jóvenes no necesariamente encaja con su calidad de vida, pues muchos se ven obligados a regresar a casa de sus padres o a compartir su hogar con más de un compañero. Y aunque este modelo pregona la independencia, tiene fuertes lazos con el subsidio, muchas veces familiar, apuntó la especialista, quien tiene 40 años de experiencia en el ramo de la antropología industrial.

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