6 abril, 2016

En México, la epidemia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) está concentrada en ciertos grupos vulnerables: los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y los usuarios de drogas inyectables. Para combatir este problema, el Fondo Mundial financió un programa de prevención de tres años que se implementó en 24 ciudades que concentraban 72 por ciento de los casos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en el país.

Para evaluar los alcances y resultados de dicho programa, el maestro en economía de la salud Sergio Bautista Arredondo, junto con un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), realizó un estudio de efectividad e impacto social.

Desde el comienzo, la investigación mostró resultados sorprendentes, detalla Bautista Arredondo: «Al realizar una encuesta previa a la aplicación del programa se encontraron dos características inesperadas: 1. El porcentaje de VIH entre HSH fue de 17 por ciento en vez del 10 por ciento esperado. 2. Casi dos tercios de los individuos VIH positivos no sabían que estaban infectados. Esto es alarmante, porque una persona que no sabe que es VIH positiva no buscará tratamiento y podrá contagiar el virus con mayor facilidad» .

Estos primeros resultados fueron publicados en la revista PLOS ONE, en el artículo «Is the HIV epidemic stable among MSM in Mexico? HIV prevalence and risk behavior results from a nationally representative survey among men who have sex with men», que tuvo como primer autor a Sergio Bautista Arredondo.

Ya desde aquí se vislumbraba la importancia de evaluar si este programa de prevención lograría influir en las conductas de riesgo y los conocimientos de las personas que viven en contacto con el VIH.

El programa de prevención

El grupo objetivo del programa fueron hombres que tienen sexo con hombres, y las acciones de prevención incluían la entrega masiva y continua de kits de prevención (condones, lubricantes e información preventiva) y la aplicación de pruebas de detección de VIH.

Además se realizaron grupos de trabajo educativos para cambiar el comportamiento de HSH, trabajadores sexuales, mujeres transgénero y trabajadores de la salud, para generar actitudes y comportamientos.

La investigación científica

La investigación comenzó planeando un diseño cuasiexperimental para evaluar la efectividad, para ello el programa se aplicaría primero a 12 ciudades del país y seis meses después a las otras 12 ciudades. Esto permitiría comparar las diferencias entre individuos expuestos e individuos no expuestos.

Se realizaron entrevistas antes y después de comenzar el programa para poder comparar los cambios en las personas expuestas. En total se logró obtener información de seis mil 938 personas.

Pero los programas de intervención se implementan de acuerdo a sus propias necesidades; no atienden forzosamente los tiempos y necesidades de la investigación, sino sus propios tiempos y son la investigación y evaluación científica las que deben adecuarse a ellos, explica Bautista Arredondo.

Debido a esto, el desfase en la implementación entre todas las ciudades y la comparación de individuos con tratamiento temprano y tardío tuvo ciertas complicaciones, pues el resultado era un continuo de ciudades que habían comenzado la aplicación del programa de prevención en diferentes tiempos, explica el investigador.

«Esto sucede en los programas de todo el mundo, se dan eventualidades, pues echar a andar un programa así es un trabajo grande… Nosotros debíamos adaptarnos a lo que sucedió en la realidad, abordar el tema y evaluar el programa. ¿Y qué estrategia íbamos a emplear para enfrentar estos cambios? Es en estas situaciones donde los economistas debemos hacer uso de todos nuestros recursos estadísticos. Lo que hicimos fue emplear una estrategia de evaluación dosis-respuesta, consideramos el tiempo al que habían estado expuestas las ciudades al programa, como la dosis», afirma.

Los resultados

Los resultados, utilizando esta estrategia, indicaron que por cada año de exposición al programa los individuos tenían 3.4 por ciento más probabilidad de haberse realizado una prueba de detección de VIH, dos por ciento más de conocer su estado de VIH, mayor probabilidad en 4.7 por ciento de estar en tratamiento si eran VIH positivos y un decremento en 0.7 por ciento en su percepción de ser discriminados por trabajadores de la salud.

Sergio Bautista Arredondo recalca que dar información a los grupos vulnerables no es suficiente como única medida de prevención, se deben hacer intensas campañas de detección y vincular a los individuos VIH positivos al tratamiento, pues en una persona que se encuentra en tratamiento disminuye significativamente la probabilidad de transmisión.

Todos los detalles de la investigación se publicaron en enero de 2016 en el artículo «Impact and economic evaluations of a combination prevention programme for men who have sex with men in Mexico«, de la revista AIDS de la Asociación Internacional del SIDA. Como primeros autores están los investigadores M. Arantxa Colchero y Sergio Bautista Arredondo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *