25 abril, 2016

Todos sentimos diariamente el efecto de ondas que se propagan por medios materiales. Cada centímetro cúbico del espacio que nos rodea contiene una enorme cantidad de átomos, los cuales a su vez originan comportamientos colectivos que permiten el transporte de energía mecánica.

Cuando la energía viaja a través de medios gaseosos como el aire esta transferencia de energía posibilita la vibración de nuestras membranas auditivas. En este sentido, el pequeño temblor que se genera en nuestros tímpanos nos permite escuchar las señales que se generan en nuestro alrededor.

La física de los terremotos no es, en principio, muy diferente al bien conocido fenómeno de la audición (hay que aclarar que el largo proceso evolutivo de los seres vivos ha permitido que los oídos sean capaces de procesar información existente en un mar de señales percibidas en todo momento).

En los movimientos sísmicos más frecuentes, masas de gran tamaño -placas tectónicas- generan perturbaciones cuya energía liberada se propaga a través de un medio material mucho más denso que el aire (la corteza terrestre), en este caso las intensidades son mucho mayores que las correspondientes a los sonidos cotidianos.

El tipo de movimiento ondulatorio de la corteza cerca de las placas se asemeja a un conjunto de numerosos resortes unidos entre sí. Las ondas de este tipo se llaman longitudinales y en ellas la dirección de propagación de la energía es la misma que la de las oscilaciones. Estas ondas pueden viajar distancias muy largas y afectar grandes extensiones de territorio.

Cuando varía el medio de propagación, como lodo o arcilla, el movimiento en la superficie se asemeja al de una cuerda cuyas secciones suben y bajan, estas son las llamadas ondas transversales, y en ellas las vibraciones del medio son perpendiculares a la dirección de viaje de la señal.

Cuando las ondas llegan a regiones de composición muy diversa, como la Ciudad de México, ambos tipos de onda se combinan produciéndose efectos inesperados y ocasionalmente muy peligrosos.

Cuando la frecuencia de las ondas coincide con la frecuencia natural de oscilación de una construcción, se produce el fenómeno de resonancia. La amplitud de las vibraciones de la construcción aumenta de forma tal que la construcción llega al límite de su resistencia y puede derrumbarse. Este efecto se constató dramáticamente en el terremoto que azotó a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985, en el cual la mayoría de las edificaciones caídas tenía entre 7 y 12 pisos de altura.

Determinar el instante en el cual se producirá una onda sísmica junto con sus características detalladas (intensidad, dirección y efectos) es  técnicamente imposible. A diferencia de fenómenos como los eclipses, en los cuales es posible realizar predicciones precisas con anticipación de siglos, los terremotos no admiten fórmulas deterministas que permitan calendarizar su ocurrencia.

En el caso de los terremotos, la descripción matemática se realiza por medio de ecuaciones diferenciales parciales no lineales y modelos probabilísticos que se asemejan a los utilizados en el estudio de catástrofes bursátiles.

En las finanzas, los expertos son capaces de identificar factores de riesgo a pesar de carecer de técnicas para emitir predicciones exactas. Análogamente, los geólogos pueden identificar focos amarillos tales como fallas, desplazamientos de grandes masas y regiones de acumulación de energía. Esto permite diseñar políticas públicas y estrategias de información para mitigar los efectos de eventuales movimientos telúricos de gran magnitud.

La predicción de catástrofes tales como huracanes, terremotos y cracks financieros es terreno fértil para “videntes” que utilizan métodos alejados de la ciencia para crear caos con fines de notoriedad o lucro. Es muy importante que la población en general se adentre en el conocimiento de los fenómenos físicos y de los métodos matemáticos de análisis que permiten sustentar la toma correcta de decisiones, estableciéndose con ello protocolos eficientes, verdaderas culturas de previsión y apoyo solidario.

Apoyo a Ecuador, tras sismo

Tras el sismo ocurrido en las costas de Ecuador, la Universidad Iberoamericana en colaboración con la Red Universitaria para la Prevención y Atención de Desastres (Unired) invita a la comunidad a unirse a su campaña de recaudación de fondos. Los aportes económicos serán entregados a la provincia del Ecuador de la Compañía de Jesús y destinados para la construcción de viviendas de emergencia en las zonas afectadas.

Los apoyos pueden otorgarse, con depósito bancario:

Universidad Iberoamericana, A.C.

BANAMEX

Cuenta No. 12592 / Sucursal No. 4254

CLABE: 002180425400125923

Referencia 1 (numérica): 3384200397

Referencia 2 (alfanumérica): Nombre de quien deposita

Con donativo monetario, hasta el 27 de abril, con uno de los voluntarios que se encuentran dentro del campus de la Ibero, en el pasillo hacia la puerta 10 (frente a la K-rpa).

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