Daily Archives: 1 junio, 2016

Existen alrededor de 900 mil psicópatas en México

En México hay aproximadamente 900 mil psicópatas y en el mundo la proporción de los individuos con este trastorno oscila entre el uno y el tres por ciento de la población; mientras que en las prisiones llegan a representar una cuarta parte de los reclusos, afirmó Feggy Ostrosky, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Vivir en un medio hostil y haber padecido violencia derivada de experiencias traumáticas —que en etapas críticas del desarrollo alteran la maduración de las estructuras cerebrales y sistemas neurobiológicos esenciales— son algunos factores biopsicosociales experimentados por estos sujetos, agregó en la Casa de las Humanidades.

Con frecuencia, estas personas fueron hostilizadas de forma crónica, de ahí la importancia de realizar estudios detallados con el objetivo de entender qué genera estas personalidades. De hecho, así es factible anticipar su repertorio de agresión y calibrar con precisión la manera más efectiva de apaciguarlas o desarmarlas, expuso en el Seminario Universitario sobre Afectividad y Emociones (SUAFEM).

La violencia primaria incluye los trastornos antisociales de la personalidad y la psicopatía, la cual tiene un factor genético que interactúa con el medio ambiente. También existe la sociópata, que tiene un componente adquirido y puede dividirse en neuronal y social.

El frágil equilibrio interno

Al impartir la conferencia Emociones, cerebro y violencia, Ostrosky detalló que la tristeza, el miedo, la alegría e incluso la agresión son elementos constitutivos de la salud mental.

En contraparte, la depresión, fobias, manías y las actitudes violentas son manifestaciones de alteraciones del aspecto referido, añadió la también directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología de la FP.

El humano es naturalmente agresivo, pero posee neuronas especializadas en identificar señales para reprimirse (por ejemplo, algunos gestos infantiles mueven a la ternura). Estos inhibidores operan siempre y cuando el atacante no esté trastornado, dijo.

En contraparte, la violencia suele ser detonada por emociones (en grado intenso). Ésta es una de las razones para ahondar en ellas, pues su complejidad característica se debe a que, al entremezclarse, generan una infinidad de sentimientos complicados, proceso equiparable al de los colores primarios que, al fundirse, dan pie a un amplio abanico de tonalidades, apuntó.

Para facilitar esta tarea, la investigadora las clasificó en básicas, como el miedo, la ira, la alegría, el asco, la sorpresa y el desprecio, y en complejas, como la vergüenza, la culpa, la envidia y el orgullo.

Ostrosky refirió que si la interacción se da en los centros subcorticales, las emociones se experimentan de forma inconsciente, y si es en la corteza frontal, son conscientes. También las hay morales, es decir, ligadas a intereses de bienestar de individuos y sociedades, las cuales se presentan en las interacciones cotidianas, además de ser parte fundamental de muchos sistemas legales, políticos y sociales.

Para llevar a cabo sus estudios la universitaria ha trabajado en reclusorios estatales y federales de alta seguridad con personajes como Juana Barraza, “La Mataviejitas”, y Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, así como con maridos golpeadores y policías judiciales.

Al inaugurar el ciclo Emociones, afectividad, una mirada interdisciplinaria, que arrancó con la conferencia de Ostrosky, Olga Hansberg Torres, coordinadora del SUAFEM, aseguró que “el seminario, recientemente fundado, tiene como eje articulador el trabajo interdisciplinario a fin de entender mejor un tema muy vasto”.

Las emociones tienen efectos en nuestros cuerpos, atención, memoria, razonamiento y en las relaciones íntimas y socioculturales. Se encuentran en todas partes y pueden ser abordadas desde distintas ramas del conocimiento. Aquí se tratarán diferentes aspectos para, gradualmente, profundizar en temas específicos”, concluyó.

Sobrepeso y obesidad cuestan a México el equivalente a 6000 millones de euros al año

La atención médica a quienes padecen sobrepeso y obesidad en México cuesta al sector el equivalente a 6,000 millones de euros al año, sin contar gastos indirectos por pérdida de productividad ni los asumidos por los propios enfermos y sus familiares en medicamentos o cuidados hospitalarios, advirtió la doctora Aleida Azamar Alonso, investigadora de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El estudio colectivo Carga económica de la obesidad y sus comorbilidades en pacientes adultos en México, en el que participó la economista, revela que los recursos monetarios destinados a tratar el problema de la obesidad absorbían tres por ciento del total destinado al rubro de la salud a principios de 2000 y que, de manera alarmante, esa proporción alcanzó 26 por ciento en 2016.

Las estimaciones corresponden a datos contenidos en evaluaciones económicas de programas de salud para pacientes con obesidad mayores de 20 años; los investigadores consideraron el curso natural de la enfermedad y posteriormente diseñaron un modelo Markov señalado por ciclos anuales.

La profesora resaltó en entrevista que durante el análisis detectaron la ausencia de programas de prevención, aun cuando llevarlos a cabo representaría un ahorro, pues el costo ascendería a 12 dólares per cápita, lo cual “nos conviene mucho más que seguir invirtiendo en tratar” el mal.

En el mundo existen 1,700 millones de personas con exceso de peso, de las cuales 312 millones padecen obesidad. A partir de la década de 1980 en el país se incrementaron, tanto el gasto público dedicado a tratamientos contra la enfermedad como el número de personas que la padecen.

Azamar Alonso explicó que “90 por ciento de esos casos reporta diabetes mellitus tipo 2 y 70 por ciento hipertensión, además de presentar otros padecimientos cardiovasculares y cáncer de mama y próstata”. Los pacientes diagnosticados pueden contraer una o más comorbilidades, entre las cuales la hipertensión es la más peligrosa y común.

Las personas que sufren obesidad afrontan mayores posibilidades de desarrollar una o más comorbilidades, incluso después de los 20 años de edad; 86 por ciento de la población inicialmente analizada mediante el modelo falleció por alguno de los trastornos descritos, abundó.

Estos datos se obtuvieron por medio de cadenas de Markov, es decir, modelos que miden probabilidades y tendencias que permitieron observar en personas con exceso de peso mayor tendencia a desarrollar, en primera instancia, hipertensión y luego diabetes mellitus tipo 2.

Un elemento de medición esencial retomado en el estudio fue el Índice de Masa Corporal, un parámetro que ubicado entre 25 y 30 indica sobrepeso en la persona, mientras que por arriba de 30 revela obesidad.

Entre los gastos indirectos se cuenta el desembolso por pérdida de productividad, estimado en 15,000 millones de euros al año, esto es, recursos económicos desperdiciados debido a las faltas o ausencias en el trabajo asociadas a complicaciones por obesidad. “Son externalidades negativas que la gente no toma en cuenta”, precisó.

“Somos el segundo país a nivel mundial en enfrentar esta problemática, incluso estamos por arriba de algunos de Asia y América Latina. La obesidad está presente tanto en niños como en adultos y cada día genera muertes prematuras”, señaló la académica del Departamento de Producción Económica.

Los resultados de la investigación –en la que participaron economistas, médicos y actuarios del Instituto Nacional de Salud, el Hospital Infantil de México Federico Gómez, de la Ciudad de México, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la UAM, coordinados por Herman Soto, de HS Estudios Farmacoeconómicos– fueron publicados en la revista Springer International Publishing Switzerland 2015.

“Nos llevó mucho tiempo implementar la metodología propuesta y calcular todos los costos, por ello, nos da mucho gusto que se reconozca este esfuerzo de revisar la literatura de otros autores que han evaluado la problemática a nivel mundial. Fue un privilegio trabajar con otros investigadores, ya que pudimos discutir puntos de vista diferentes y se enriqueció mucho el trabajo”, manifestó.

Los autores proponen la aplicación de un proyecto integral de salubridad nacional que modifique el actual estilo de vida urbano, sustituyendo la cultura alimenticia por una más sana que se circunscriba a los centros de salud, las escuelas y las empresas con el propósito de disminuir la ingesta de azúcar, sal y grasa en la dieta diaria.

Con los horarios de trabajo preferimos la comida frita y alta en carbohidratos porque creemos que perdemos menos tiempo; si bien al adquirirla es más barato en el corto plazo, representa una mayor inversión en el futuro, enfatizó.

Anteriormente era un problema común en los países desarrollados, donde se consumía más la comida rápida; sin embargo, en las naciones en desarrollo la publicidad invasiva impulsó hábitos alimenticios por moda y se ha perdido la calidad de los alimentos preparados en casa.

“Debemos poner mucha atención a esta enfermedad crónica, tanto individual como socialmente, pues se trata de una responsabilidad que no sólo asume el Estado sino todos en conjunto”, concluyó.