1 junio, 2016

La atención médica a quienes padecen sobrepeso y obesidad en México cuesta al sector el equivalente a 6,000 millones de euros al año, sin contar gastos indirectos por pérdida de productividad ni los asumidos por los propios enfermos y sus familiares en medicamentos o cuidados hospitalarios, advirtió la doctora Aleida Azamar Alonso, investigadora de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

El estudio colectivo Carga económica de la obesidad y sus comorbilidades en pacientes adultos en México, en el que participó la economista, revela que los recursos monetarios destinados a tratar el problema de la obesidad absorbían tres por ciento del total destinado al rubro de la salud a principios de 2000 y que, de manera alarmante, esa proporción alcanzó 26 por ciento en 2016.

Las estimaciones corresponden a datos contenidos en evaluaciones económicas de programas de salud para pacientes con obesidad mayores de 20 años; los investigadores consideraron el curso natural de la enfermedad y posteriormente diseñaron un modelo Markov señalado por ciclos anuales.

La profesora resaltó en entrevista que durante el análisis detectaron la ausencia de programas de prevención, aun cuando llevarlos a cabo representaría un ahorro, pues el costo ascendería a 12 dólares per cápita, lo cual “nos conviene mucho más que seguir invirtiendo en tratar” el mal.

En el mundo existen 1,700 millones de personas con exceso de peso, de las cuales 312 millones padecen obesidad. A partir de la década de 1980 en el país se incrementaron, tanto el gasto público dedicado a tratamientos contra la enfermedad como el número de personas que la padecen.

Azamar Alonso explicó que “90 por ciento de esos casos reporta diabetes mellitus tipo 2 y 70 por ciento hipertensión, además de presentar otros padecimientos cardiovasculares y cáncer de mama y próstata”. Los pacientes diagnosticados pueden contraer una o más comorbilidades, entre las cuales la hipertensión es la más peligrosa y común.

Las personas que sufren obesidad afrontan mayores posibilidades de desarrollar una o más comorbilidades, incluso después de los 20 años de edad; 86 por ciento de la población inicialmente analizada mediante el modelo falleció por alguno de los trastornos descritos, abundó.

Estos datos se obtuvieron por medio de cadenas de Markov, es decir, modelos que miden probabilidades y tendencias que permitieron observar en personas con exceso de peso mayor tendencia a desarrollar, en primera instancia, hipertensión y luego diabetes mellitus tipo 2.

Un elemento de medición esencial retomado en el estudio fue el Índice de Masa Corporal, un parámetro que ubicado entre 25 y 30 indica sobrepeso en la persona, mientras que por arriba de 30 revela obesidad.

Entre los gastos indirectos se cuenta el desembolso por pérdida de productividad, estimado en 15,000 millones de euros al año, esto es, recursos económicos desperdiciados debido a las faltas o ausencias en el trabajo asociadas a complicaciones por obesidad. “Son externalidades negativas que la gente no toma en cuenta”, precisó.

“Somos el segundo país a nivel mundial en enfrentar esta problemática, incluso estamos por arriba de algunos de Asia y América Latina. La obesidad está presente tanto en niños como en adultos y cada día genera muertes prematuras”, señaló la académica del Departamento de Producción Económica.

Los resultados de la investigación –en la que participaron economistas, médicos y actuarios del Instituto Nacional de Salud, el Hospital Infantil de México Federico Gómez, de la Ciudad de México, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y la UAM, coordinados por Herman Soto, de HS Estudios Farmacoeconómicos– fueron publicados en la revista Springer International Publishing Switzerland 2015.

“Nos llevó mucho tiempo implementar la metodología propuesta y calcular todos los costos, por ello, nos da mucho gusto que se reconozca este esfuerzo de revisar la literatura de otros autores que han evaluado la problemática a nivel mundial. Fue un privilegio trabajar con otros investigadores, ya que pudimos discutir puntos de vista diferentes y se enriqueció mucho el trabajo”, manifestó.

Los autores proponen la aplicación de un proyecto integral de salubridad nacional que modifique el actual estilo de vida urbano, sustituyendo la cultura alimenticia por una más sana que se circunscriba a los centros de salud, las escuelas y las empresas con el propósito de disminuir la ingesta de azúcar, sal y grasa en la dieta diaria.

Con los horarios de trabajo preferimos la comida frita y alta en carbohidratos porque creemos que perdemos menos tiempo; si bien al adquirirla es más barato en el corto plazo, representa una mayor inversión en el futuro, enfatizó.

Anteriormente era un problema común en los países desarrollados, donde se consumía más la comida rápida; sin embargo, en las naciones en desarrollo la publicidad invasiva impulsó hábitos alimenticios por moda y se ha perdido la calidad de los alimentos preparados en casa.

“Debemos poner mucha atención a esta enfermedad crónica, tanto individual como socialmente, pues se trata de una responsabilidad que no sólo asume el Estado sino todos en conjunto”, concluyó.

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