8 junio, 2016

Desde el arte es posible evidenciar la violencia de género para construir entre todos una alternativa a la deshumanización, sostuvo el licenciado Manuel Amador, activista e investigador independiente invitado al Encuentro internacional temático: Formación para la crítica y territorializaciones de paz.

La idea es ofrecer opciones de “esperanza a las mujeres jóvenes. Aquí vemos cómo las personas se convierten en obras de arte que cuestionan desde sus cuerpos; se trata del arte de generar complicidades y buscar alianzas entre ellas”.

El sociólogo es profesor de la Preparatoria Oficial 128 General Francisco Villa, ubicada en Ecatepec, municipio que registra el número más alto de feminicidios del Estado de México y donde promueve entre los jóvenes el performance político para exigir seguridad y un alto a las prácticas de acoso sexual.

Al dictar la charla Pedagogía del performance político: los feminicidios en el Estado de México –en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)– presentó en video el trabajo que ha emprendido con adolescentes.

Con la obra Las mujeres de la periferia no somos desechables intenta generar conciencia sobre el carácter descartable que se da al cuerpo femenino, en especial de las víctimas de la misoginia criminal y las habitantes de las zonas marginadas de la Ciudad de México.

El audiovisual muestra a las alumnas vestidas con prendas recicladas, elaboradas con material de desecho. Así, envueltas en discos de plástico, papel periódico o cartón salieron a las calles en noviembre del año pasado para protestar contra la violencia hacia las mujeres.

“Como pobres se nos ha cancelado el acceso a la justicia y la vida digna, y por eso queremos dar visibilidad al trato que reciben las mujeres en la periferia de la ciudad”, exclamó Amador durante la manifestación.

Después de varias acciones del tipo, hombres y mujeres crearon el colectivo Red Denuncia Feminicidios Estado de México (RedDeFem EdoMéx), un espacio educativo que retoma el performance como una pedagogía de la problemática, que ha sido motivo de debate entre los pobladores.

“Los chicos expresan por medio de estos performances el vacío o la tristeza, emociones producidas por la marginalidad. Son ejercicios que se trabajan desde esos silencios a los que se les colocan rostros y una luz por haber estado mucho tiempo escondidos”, indicó.

“Ellas visibilizan el problema y gritan lo que está pasando: nos están matando”. Salir a las calles a protestar no ha sido una cuestión sencilla. Al inicio fueron convocadas 45 chicas y sólo se presentaron 16, pero se está generando un diálogo y eso es lo importante”, finalizó.

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