14 junio, 2016

La historia de la universidad, como espacio de formación, es larga, ya que se acerca al primer milenio de existencia.

Las primeras universidades —las de Bolonia, París y Oxford— fueron fundadas en el siglo XI. A lo largo de estos años las casas de estudios pasaron de ser espacios para la formación superior y el cultivo del pensamiento a ser agentes generadores de conocimiento y de incidencia social.

Estos son algunos de los aspectos que Roberto Rodríguez Gómez, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), abordó durante la conferencia «Función social de la universidad contemporánea», como parte de la Jornada de Investigación y Posgrado 2016, que tuvo lugar en el auditorio Pedro Arrupe, SJ del ITESO.

Mientras en la universidad medieval los propósitos eran la formación en un oficio y el cultivo del pensamiento a través de la filosofía y la teología, la universidad moderna, de finales del siglo XIX, ya estaba marcada por el liberalismo y el proyecto social.

A pesar de los cambios, las universidades siguen teniendo funciones canónicas, tales como «la formación de profesionales, técnicos, científicos y artistas, pero también de personas y ciudadanos. La investigación para generar conocimiento y su articulación con la función docente, y la proyección social, entendida como extensión, difusión y vinculación».

El académico añadió que uno de los retos es entender la educación superior como un bien público, para lo cual son indispensables altos niveles de cobertura, permanencia y egreso de estudiantes; la asequibilidad económica a través de becas y créditos; la pertinencia social, y la articulación con el sector laboral.

«Los jóvenes no vienen sólo por una formación, sino para obtener una capacitación para un trabajo que les permita vivir de él».

Rodríguez señaló que en los últimos años ha habido un incremento en la matrícula de estudiantes de posgrado, que ha sido atendida principalmente por las universidades privadas, debido a la demanda que surge desde el mercado laboral.

«Hay una gran demanda de posgrados porque hay una demanda laboral, aunque también tienen que ver los incentivos como las becas. Hay quienes ganan más por estar estudiando que por estar en un trabajo. Por otra parte, las transformaciones del mundo laboral obligan a la actualización de competencias», finalizó.

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