14 septiembre, 2016

El tema de la suicidiología es evidentemente psicológico, y a veces a los psicólogos nos cuesta trabajo aprender a diagnosticar, a establecer criterios respecto a este tema, y lo dejamos a la psiquiatría; nos compete a los psicólogos porque somos los expertos en comportamiento humano, cosa que no pueden hacer las otras disciplinas; tenemos el conocimiento, las herramientas, para tratar y prevenir el suicidio».

Así se dirigió el psicólogo Luis Fernando Carvajal Dávila a los alumnos de la Licenciatura en Psicología que ocuparon completamente el auditorio del Departamento de Psicología y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora (Psicom), al tomar el curso taller «Prevención del Suicidio», realizado el pasado jueves 8 de septiembre.

«Debemos entender y tener claro que, como dice la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio no es una enfermedad es ni necesariamente la manifestación de una enfermedad –añadió el especialista–, y esto nos deja claro que no estamos hablando de personas enfermas, esto marca la forma cómo vamos a trabajar con estas personas».

Carvajal Dávila estableció que es importante atender el suicidio porque constituye un problema de salud pública, ya que cada año un millón de personas en el mundo se suicida; es decir, cada 40 segundos muere un individuo por su propia mano, y en Sonora, dijo, «hasta el pasado mes de julio, el reporte al 066 contabilizaba 99 muertes por suicidio», puntualizó.

Comentó que es importante «ver este acto desde el punto de vista epidemiológico, ya que al menos 20 personas intentan suicidarse cada vez que una lo logra, y si en el mundo se suicida un millón de personas, significa que al menos 20 millones de personas lo intentaron, una suma muy elevada, que lo convierte en serio problema de salud pública», detalló.

El psicólogo egresado de la Universidad de Sonora mencionó que en cualquier situación de crisis, sea circunstancial o vital, siempre nos vamos a sentir frágiles, y cuando yo tengo la pérdida de un ser querido, me voy a sentir vulnerable, sobre todo los padres que pierden un hijo, o que atraviesan un desastre económico o una crisis financiera puede desatar estos problemas.

Para que un suicidio se cometa, explicó, la persona tiene que entrar en un conflicto con la vida; el único que se cuestiona si su vida carece de sentido o no es el ser humano, y el suicidio como tal sólo ocurre en los humanos, porque tenemos conciencia y nos preguntamos y cuestionamos la existencia.

«El suicida no es un loco ni es un valiente ni un cobarde; el suicidio ocurre en un individuo normal que está enfrentando una situación difícil, complicada, dolorosa; el suicida es una persona que sufre, y tanto es su sufrimiento que prefiere no vivir para no sufrir; el suicida va a tener dos características importantes: el sufrimiento y la desesperanza», clarificó.

Una fuerte desesperanza, que no depresión, porque la depresión, dijo Luis Fernando Carvajal, «no es condición para que se dé el suicidio, es la desesperanza, cuando ya no espera nada de…, es un desamparo aprendido que no puede cambiar su entorno, porque hace las misma cosas, de la misma manera, y sigue frustrándose, sigue fracasando en la forma en que enfrenta su vida, concluyó. (CDM)

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