15 marzo, 2017

La violencia contra los comunicadores que ejercen un periodismo crítico es mucho más cruenta y evidente hoy, pues forma parte de un “sistema que limita las libertades ciudadanas, ya sea por medio de legislaciones a modo o por prácticas represivas”, señaló la doctora Reyna Sánchez Estévez, profesora-investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En el foro Desinformación de masas e intimidación a comunicadores. Formas de resistencia –convocado por la Coordinación de Extensión Universitaria y la Maestría en Comunicación y Política de la Unidad Xochimilco– la docente expuso que el derecho a la comunicación y expresión no está vinculado sólo al de la información, ni tampoco a la concepción mediática y mercantil que implica tener una, dos o tres cadenas de televisión.

La especialista en símbolos y representaciones colectivas en los movimientos sociales expuso que se trata más bien de que “exista la libertad plena de saber, de estar enterados de los asuntos públicos, de la posibilidad de investigar y recibir información fidedigna, pero también de producirla y difundirla”.

La académica consideró que también de manera cotidiana son impuestos “nuevas legislaciones, cambios constitucionales, reglamentos que en la práctica vulneran o cancelan las opciones de los ciudadanos para una vida libre y digna”, apuntó.

La doctora Margarita Zires Roldán, del Departamento de Educación y Comunicación, expuso que “en el país hay un proceso de criminalización de las redes sociales digitales por parte de las autoridades”.

Ejemplo de ello fue la detención, en el estado de Veracruz, en 2012, de dos tuiteros acusados de ciberterroristas por la propagación de una serie de comentarios que hablaba de niños secuestrados y ataques que generaron pánico colectivo.

La investigadora indicó que los rumores nacieron como producto de un contexto de criminalidad grave –secuestros, homicidios, balaceras y extorsión– y de desinformación, que convirtieron a las redes digitales en una vía alterna de información para sobrevivir.

En la mesa Cambios en la ecología de la información y del poder, la especialista lo definió como un relato breve en permanente transformación de acuerdo con el contexto cultural y social en el cual circula, ocupando los canales no oficiales; el rumor pone en contacto con lo que se dice, con aquello que no es publicado en los medios oficiales de comunicación.

“Para poder circular debe ser verosímil, con una verdad para el grupo que lo pone en movimiento y lo transforma, y esto significa que está de acuerdo con la opinión pública de la comunidad, por lo que también puede ser falso o verdadero”.

Además es importante a nivel psicológico “porque tiene una condición emocional de poder expresar miedos, expectativas, esperanzas”, junto con su función cognitiva, “que involucra la necesidad de interpretar y dar sentido a una situación innombrable y confusa como lo que viven Veracruz, Tamaulipas y muchos otros lugares de la República Mexicana”.

El rumor, aparte de sus dimensiones cultural, política, emocional y cognitiva, “es un campo de lucha con una vía alterna de información, de creación de un lazo social y de resistencia, pero también con una ruta de manipulación informativa”. Es decir, abundó la investigadora, brinda un horizonte de interpretación de la realidad que “genera acciones individuales y colectivas”.

Ignacio Rosaslanda, del colectivo masde131.com, presentó el video El rumor en Neza, en 2012, que paralizó a la población durante tres días ante la difusión de noticias que hablaban de saqueos, balaceras y asesinatos.

El trabajo expone la campaña para propiciar la militarización de la zona y evitar posibles actos de estallido social en un área caracterizada por la precariedad y requerida de control social, para desarticular sus organizaciones.

Los trabajos del Foro Desinformación de masas e intimidación a comunicadores. Formas de resistencia, coordinados por la doctora Guiomar Rovira Sancho, del Departamento de Educación y Comunicación, fueron inaugurados por la doctora Patricia Alfaro Moctezuma, rectora de esa sede académica.

 

 

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