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Casi el 90% de los capitalinos desconfía de la calidad del agua

La desconfianza de los capitalinos respecto de la calidad del agua que suministra el sistema de la Ciudad de México (Sacmex) ha provocado la preferencia por el producto embotellado, aun cuando alcanza hasta 235 veces más el precio por litro que el del grifo, convirtiéndose en un negocio bastante lucrativo para las compañías.

Comprarla envasada, tratarla –hervir y clorar– e instalar filtros son algunas de las estrategias domésticas para reducir el riesgo de contraer enfermedades gastrointestinales por la ingesta del recurso de dudosa condición.

Un estudio efectuado por especialistas en economía del agua de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), 87 por ciento de las viviendas de la metrópoli desconfía de la calidad del fluido que recibe y estaría dispuesto a pagar hasta 55 pesos bimestrales más por uno que no afectara la salud.

La doctora Lilia Rodríguez Tapia, investigadora del Departamento de Economía de la Unidad Azcapotzalco –junto con los doctores Daniel A. Revollo Fernández y Jorge A. Morales Novelo, docentes de esa sede universitaria– reporta que el monto que los capitalinos estarían en posibilidad de erogar equivale a 8.7 por ciento del pago bimestral del servicio y a 0.3 por ciento del ingreso familiar mensual.

Sacmex cubre alrededor de 98 por ciento del abasto público en la urbe, lo que significa que casi 48,000 hogares no están conectados a la red y obtienen el líquido por pipas o tandeo, aun cuando la provisión de agua entubada es de las más altas del país.

Entre las mayores deficiencias en el servicio están la discontinuidad en el suministro, la insuficiencia en la cantidad y la desconfianza respecto de la calidad, expuso Rodríguez Tapia.

La disponibilidad a pagar más por un bien básico obedece al alto costo del fluido embotellado y la baja credibilidad de la población en el organismo responsable de proveerlo, mientras que unas 2,140 pequeñas y micro empresas lo obtienen del organismo público para venderlo en botellas y garrafones y dos compañías grandes lo extraen de pozos, subrayó la académica.

La oferta anual del recurso envasado registra niveles de producción que rebasan los volúmenes “que la teoría define como punto de equilibrio” industrial, un excedente generado por los enormes beneficios obtenidos.

La razón de esa sobreoferta es el valor por metro cúbico en el mercado: entre 350 y 370 pesos, no obstante que las embotelladoras compran a entre 20 y 24 pesos el metro cúbico, dependiendo si proviene de la red pública o de pozo.

Este es un costo promedio porque la subterránea asciende a unos 19 pesos por metro cúbico y el de las pequeñas empresas está relacionado con la tarifa que aplica el organismo operador, un diferencial que hace “muy atractivo el negocio”.

Las ganancias extraordinarias y el incremento sin control de la oferta alientan a las corporaciones a continuar la sobreexplotación de los acuíferos y a aumentar la extracción del bien hídrico del sistema público para revenderlo, mientras resulta sorprendente la conducta de los consumidores para satisfacer sus requerimientos de agua bebible de calidad, ya que su disposición a pagar a Sacmex alcanza los 672.7 millones de pesos al año, pero sus gastos efectivos en agua embotellada suman 7,410 millones de pesos en el mismo periodo, lo que revela la credibilidad en el sector privado.

Sin embargo, la solución adoptada repercute en forma negativa en los grupos de ingresos medios y bajos, que destinan un porcentaje significativo de los mismos para cubrir esa necesidad básica, sacrificando otras, dijo la jefa del área de Crecimiento económico y medio ambiente.

Los resultados de la investigación sugieren que la política hídrica del gobierno debe ser revisada para superar las restricciones en una función establecida por la ley: el abastecimiento de agua de calidad a la población y, a esta falla se suma una regulación ineficiente en materia de tarifas y derechos aplicada a las embotelladoras, lo que se refleja en precios tan bajos de venta de bienes hídricos escasos, que luego son revendidos más caros en relación con su costo.

La política de tarifas y derechos no considera que el vital líquido vendido al sector es un insumo productivo que busca una ganancia y, por lo tanto, debe ser tratado en forma distinta a un consumo final, por lo que es prioritario reflexionar sobre las condiciones de extracción concedidas por la Comisión Nacional del Agua en acuíferos que registran sobreexplotación extrema.

El doctor en economía y recursos naturales Daniel A. Revollo Fernández consideró que la disponibilidad de los usuarios para pagar cada mes cerca de 55 pesos por una mejora en el fluido impacta de manera distinta a las familias, si se considera que a medida que un grupo tiene mayor ingreso económico estará dispuesto a pagar más, pero aquellas de escasos medios son las que están convencidas de desembolsar por un bien óptimo.

El miembro de las cátedras Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del Departamento de Economía de la Unidad Azcapotzalco precisó que los sectores con percepciones bimestrales menores a 9,000 pesos están en condiciones de costear hasta 50 pesos por mejoras en la calidad, mientras que los que registran más de 18,000 pesos pagarían hasta 65 pesos.

La relación entre estos montos revela que los hogares de menores ingresos podrían dedicar un porcentaje mayor respecto de los de recursos más altos: 0.47 por ciento y 0.15 por ciento, en cada caso, “un resultado atractivo que muestra que son las personas pobres las más interesadas en que Sacmex suministre agua de calidad, ya que son quienes compran la mayor cantidad de botellas o garrafones”, sea porque tienen menos acceso a la provisión del fluido o porque lo reciben sucio. 

Sobreexplotación de mantos acuíferos en la CDMX, causa de fractura de tuberías y fugas de agua

• Más del 60 por ciento del líquido que se utiliza en la urbe se extrae de esos pozos, lo que provoca el hundimiento del suelo, dijo Cecilia Lartigue, coordinadora del Programa de Manejo, Uso y Reúso del Agua de la UNAM.

• Además de implementar acciones para promover la corresponsabilidad ciudadana del ahorro de este recurso, es necesario reparar y dar mantenimiento a las fugas, acotó Sergio Rodríguez, del Instituto de Geología.

 

Más del 60 por ciento del agua que se utiliza en la Ciudad de México se extrae de mantos acuíferos (el doble de lo que se recarga de manera natural), lo que ocasiona el hundimiento del suelo, en el orden de 10 a 40 centímetros anuales. En consecuencia, la compactación del suelo provoca la fractura de tuberías y fugas de agua potable, indicó Cecilia Lartigue Baca, coordinadora del Programa de Manejo, Uso y Reúso del Agua (Pumagua) de la UNAM.

La capa de sedimentos, compuesta principalmente de limo, arcilla y arena, es propia del terreno lacustre sobre el cual se construyó esta urbe, y es el origen del hundimiento progresivo (subsidencia), acotó Sergio Rodríguez Elizarrarás, investigador del Instituto de Geología (IGL). “No sólo afecta a las edificaciones, también ocasiona fugas en el sistema de agua potable”, aseveró.

El agua subterránea tiene una superficie de contacto entre la tierra y el aire del subsuelo, conocida como nivel freático. Al descender el nivel del agua por la explotación constante del acuífero, queda un espacio de aire que no podrá resistir el peso de la tierra y las construcciones de la metrópoli, explicó el experto.

Estrategias

Las estrategias implementadas para contrarrestar la sobreexplotación de los pozos son la recarga artificial y el tratamiento del recurso residual para su reutilización. El problema radica en los altos costos económicos y la emisión de gases de efecto invernadero emitidos durante el proceso, expuso Lartigue Baca.

“Además de implementar programas para promover la corresponsabilidad ciudadana del ahorro de agua, es necesario reparar y dar mantenimiento a las fugas, pues se pierde el 42 por ciento del líquido potable. El consumo por persona es de aproximadamente 250 litros al día y podría ser reducido a 150 litros para satisfacer todas las necesidades”, alertó.

Las tuberías de la Ciudad de México tienen más de 50 años y no sólo es una cuestión de antigüedad, también influye el tipo de material utilizado. Es importante destinar mayores recursos económicos para brindar el mantenimiento adecuado. “Una alternativa es implementar tuberías flexibles con tecnologías que resistan el movimiento del suelo para que se reacomoden gradualmente con la subsidencia”, propuso Rodríguez Elizarrarás.

Crecimiento y desabasto

El crecimiento irregular de la capital es otro factor que afecta a la reabsorción pluvial. El universitario subrayó que a partir de un plan de desarrollo urbano se recomienda dejar una zona no construida en todos los inmuebles para infiltrar el agua, y que ésta pueda regresar a los mantos acuíferos, pues el concreto obstruye la recarga.

Las cordilleras volcánicas que delimitan al Valle de México son el elemento más importante para la reabsorción, pues constituyen el suelo volcánico a través del cual se filtra el agua de la atmósfera. Estos terrenos son una parte importante del suelo de conservación de la urbe, pero son ocupados por habitantes que establecen asentamientos irregulares, advirtieron los especialistas.

El problema del abastecimiento en distintas delegaciones surge por la distribución de un circuito que debe ser cerrado para incluir a las colonias que sufren del suministro irregular, pues los pozos ubicados en esas zonas ya no alcanzan para proveer de agua al elevado número de habitantes, añadió la coordinadora del Pumagua.

También dijo que el cambio climático influye de forma negativa en el reabastecimiento de los mantos acuíferos, pues los periodos de sequía y el tiempo de lluvias se vuelvan extremos e irregulares.

“El Pumagua, interesado por brindar opciones y soluciones a esta problemática, ha tenido acercamientos con distintas delegaciones para trabajar en unidades habitacionales”, comentó.

A través del programa Agua a tu casa, encargado de implementar un sistema de captación pluvial, se realiza un diagnóstico integral que incluye estrategias de abastecimiento con agua de lluvia, así como la detección y reparación de fugas, concluyó.

Cada vez más complicado llevar agua potable a la ciudad de México

En México sólo 5.5 por ciento de las aguas nacionales está libre de contaminación, 70 por ciento de los ríos están muy alterados, por lo que cada vez es más complicado dotar del recurso a los habitantes de la ciudad de México, dijo en la UNAM Axel Carlos de Gante Islas, director general de Hidroecología, empresa experta en el tratamiento de aguas residuales.

En el planeta, tres cuartas partes están cubiertas del líquido, pero sólo 2.5 por ciento es potable y se encuentra concentrado, principalmente, en los casquetes polares.

Al impartir la conferencia Tratamiento de aguas residuales, organizada por la División de Educación Continua y a Distancia de la Facultad de Ingeniería (FI), el experto señaló que el hombre es un gran depredador de ese recurso, pues lo contamina con sus actividades diarias.

Además, el potable está más mineralizado, lo que implica que se extrae de los estratos más profundos, “el problema es que los acuíferos no son reinfiltrados”. En el auditorio Bernardo Quintana del Palacio de Minería, destacó que en los desarrollos de vivienda de interés social la dotación promedio disminuyó de 200 a 70 litros diarios por persona, y la situación será más drástica si no hacemos algo para revertirla.

Al detallar el funcionamiento de plantas de tratamiento del líquido residual, construidas en parques comerciales y empresas del país, el especialista indicó que la recuperación a través de esas infraestructuras es una opción para hacer un uso adecuado del agua, aunque para muchos empresarios resultan caras. “Sin embargo, en lugar de representar un gasto, generan ganancias”.

Axel Gante refirió que a los grandes desarrolladores de inmuebles, a los centros comerciales, oficinas, escuelas, hoteles, centros deportivos, hospitales e industria se les ha empezado a exigir la utilización de plantas de tratamiento.

En una planta donde se generan cuatro litros de agua tratada por segundo, se obtienen unos 345 metros cúbicos al día; si de éstos sólo se utiliza 60 por ciento para cubrir parte de nuestras necesidades, y el resto con agua potable, el ahorro sería, en promedio, de 30 millones de pesos anuales por concepto de ese servicio.

Por otra parte, comentó que no es necesario agregar químicos para descontaminar o tratar el recurso. “En nuestro caso, sólo aplicamos oxígeno como reactivo; además, durante el proceso el agua no debe oler mal”. Por último, subrayó que “el problema no es gastar menos el líquido, sino recuperarlo y emplearlo las veces que sea necesario. Eso implica salvar el agua del planeta”.