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Politécnicos crean diadema para controlar electrodomésticos con gesticulaciones

Con el propósito de ayudar a las personas que sufren discapacidad motriz severa a ser más independientes, estudiantes del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT) 12 “José María Morelos” del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desarrollaron una diadema electrónica capaz de manipular aparatos electrodomésticos y electrónicos mediante gesticulaciones faciales.

FaceControl cuenta con seis sensores que funcionan de manera alámbrica e inalámbrica y que al interpretar una señal de radiofrecuencia permiten activar funciones básicas como encendido, apagado, cambio de canal, frecuencia y volumen de televisores, radios, ventiladores, calefactores, lámparas y luces, e incluso mover una silla de ruedas electrónica.

Los sensores de la diadema quedan ubicados en la frente, los pómulos, las mejillas y la boca del usuario, quien frunce el ceño, cierra un ojo, mueve la mejilla o el labio inferior para efectuar una función específica en algún aparato electrónico.

Los estudiantes Vianey Alonso García, José Axel Díaz González, Daniela Lisset Pérez Aranda, Gema Nohemi Franco Martínez, Perla Aceneth Chávez Barbosa y Mitzi Rodríguez Orozco desarrollaron FaceControl para adaptarlo también a celulares de cualquier compañía, con los cuales los usuarios podrán marcar a cinco números telefónicos posibles para pedir auxilio.

Los politécnicos aseguraron que el dispositivo se puede adaptar a 85 por ciento de los aparatos electrodomésticos y electrónicos. También podría funcionar en hospitales que utilicen camas electrónicas o en un pabellón de pacientes con distrofia muscular para que activen una alarma, en virtud de que la señal traspasa las paredes en un radio de 30 a 60 metros cuadrados.

Asesorados por los docentes Raffaella Melina Macias Montoy y Jorge Alberto Florencia Lemus, los estudiantes desarrollaron el prototipo bajo la lógica de que todos los aparatos tienen componentes para accionar sus funciones, entonces se utiliza como si fuera un control remoto.

El dispositivo está pensado para personas que temporal o permanentemente no pueden utilizar ninguna de sus extremidades pero mantienen movilidad en la cara. Uno de los sectores que los politécnicos pretenden atender son los niños con capacidades diferentes porque con el prototipo podrán entretenerse moviendo un juguete electrónico sólo con gesticular.

Los jóvenes destacaron que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en México existen en promedio 270 mil habitantes con alguna discapacidad y que la cifra entre 2013 y 2014 aumentó en 6.7 por ciento, lo que significa que problemas de este tipo siguen a la alza.

Por ello, ya iniciaron el registro de patente ante el Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI) y trabajan para miniaturizar el dispositivo que calculan que podría costar alrededor de seis mil pesos que podría ajustarse de acuerdo con el número de adaptaciones que se requieran. Incluiría una diadema y los transmisores necesarios para la adaptación de ocho funciones de diversos aparatos.

Matías Alanis, un universitario con mente brillante y al que nada lo detiene

• La parálisis cerebral no le impidió titularse con mención honorífica de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, en la modalidad a distancia de la UNAM 


• Emocionado y orgulloso, Matías compartió que el rector Enrique Graue lo felicitó y le reiteró que la Universidad siempre será su casa, su alma máter

Matías Alanís Álvarez es un claro ejemplo de que para una mente brillante y tenaz no hay obstáculos. Él nació con todo en contra: una encefalopatía atetoide (parálisis cerebral) que le impide controlar sus movimientos, además de una elevada miopía que lo ha sumido en la oscuridad de la debilidad visual.

“No puedes permitirte estar discapacitado en espíritu a la vez que físicamente”, ha dicho Stephen Hawking, uno de los científicos más célebres de la historia y quien desafío a la adversidad sin tregua.

Los impedimentos están en el cuerpo, no en la mente, y así Matías presentó su examen de admisión, ingresó a la UNAM y en tiempo récord acreditó, desde su computadora ubicada en su hogar en Guadalajara, todas las materias de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública y, además, se gradúo con mención honorífica.

Es cierto: su condición le dificulta el habla, la visión y el movimiento, pero su enorme inteligencia y tenacidad lo llevaron a acceder a la educación a distancia creada hace más de 10 años por la UNAM para que desaparezcan los impedimentos físicos, sociales y geográficos para quienes realmente desean hacer del estudio su forma de vida y su futuro para enfrentar al mundo y a la adversidad.

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la escuela de Matías, inició un programa de inclusión académica para estos alumnos especiales. Así, se compraron dos softwares que se instalaron en la computadora y en la silla de ruedas de Matías: el Jaws, que convierte la imagen a texto, y el Open book, que lee el texto y con una voz elegida permite que él escuche el contenido.

De esa manera, y estudiando todos los días con la ayuda de Patricia Alanís Álvarez, su mamá, guía permanente e incansable, escribió la tesis “Los mecanismos de preservación del sistema político mexicano”. Entonces, madre e hijo vinieron a su facultad: Matías presentó la defensa oral de su examen profesional y en un acto emotivo y justo le fue otorgada la mención honorífica, sin duda, muy merecida.

Sobre la elección de su carrera, el joven politólogo explicó que se inclinó por esta opción porque desde pequeño le llamaron la atención los asuntos de la vida pública. Al inicio las cosas no fueron sencillas, pues su madre tenía que leerle todos los textos; sin embargo, el software que traducía las imágenes en palabras, se adaptó a la perfección para que estudiara de manera independiente.

El sistema de dictado de voz le permitió hacer los ensayos o resolver los cuestionarios que le mandaban, por lo que su madre sólo lo apoyó en dar forma a sus trabajos para entregarlos.

El joven recordó que las materias que más trabajo le costaron fueron filosofía y matemáticas, “porque implican conceptos abstractos y estoy acostumbrado a los conceptos concretos”. Su tesis plantea que en el marco jurídico mexicano se deben incluir más normas que garanticen la libertad de expresión absoluta. Ahora, a punto de cumplir 27 años, ya tiene nuevas metas: realizar una maestría y ser algún día profesor a distancia de su carrera en su facultad.

Doña Patricia, madre, apoyo y asistente personal –como ella misma se define-, ha fomentado en él la determinación, autoconfianza y seguridad. “Yo me quedé en el camino, pues no terminé la carrera, pero él siempre tuvo una gran determinación para terminar la tesis y graduarse”, rememoró.

En un principio, fue la encargada de ofrecer la formación básica al pequeño Matías, quien desde entonces dio muestras de su inteligencia y astucia. “En las familias siempre hay una red de apoyo que estimula a los más jóvenes, y éstos van siguiendo el ejemplo de los más grandes. No importa si fuera Ciencias Políticas o Ingeniería, él iba a estudiar, y de eso no me queda la menor duda”, relató la orgullosa madre.

Siempre ha sido difícil el tema de la inclusión, por lo que toda la familia lo ha apoyado para acceder a la educación, dijo. Sin embargo, llegó un momento en que se vio rebasada, pues el niño ya sabía más que ella, afirmó entre bromas.

“Lo inscribimos en la modalidad de educación a distancia sin saber de qué se trataba, pero él pronto se dio cuenta de que ése era su camino: la accesibilidad que le brindaba el sistema y la tecnología eran óptimos para sus circunstancias.

Agradecemos mucho al sistema abierto de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, a la UNAM y a todos los que apoyaron para que él pudiera instruirse”, expuso Patricia.

En la ceremonia por el 45 aniversario del SUAyED, modelo emblemático de nuestra institución, Matías aprovechó para tomarse una selfie con el rector. Visiblemente emocionado y orgulloso de ser un puma, narró que Enrique Graue le manifestó que siempre será bien recibido en la UNAM. “Me dijo que ésta era mi casa y me felicitó por mi nivel académico”, comentó satisfecho porque contra todo logró su más grande deseo.