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Desconocidos efectos ambientales de producción de biocombustibles

“Muchos de los efectos ambientales importantes de la producción de biocombustibles son todavía poco conocidos, por lo que es necesario desarrollar nuevas métricas que midan de forma integral los impactos de estas tecnologías en el ambiente previo a generar políticas generales de fomento”, dijo la doctora Vanessa Pérez-Cirera, académica-investigadora de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Así lo expresó durante la mesa de diálogo «Biocombustibles, cambio climático y sustentabilidad», organizada por el Área de Medio Ambiente del Instituto de Investigación para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la IBERO y la Comisión de Cambio Climático de la Cámara de Diputados.

El foro fungió como un espacio de diálogo para intercambiar avances y perspectivas desde el sector privado y la academia sobre el uso de biocombustibles en México, y su potencial aportación o impacto en la reducción de gases de efecto invernadero, la conservación de los bosques y en el desarrollo con equidad; para esbozar oportunidades de investigación.

En la reunión, los expertos de la iniciativa privada y los docentes de la Universidad Iberoamericana, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) identificaron las bondades y peligros del desarrollo de los biocombustibles en México, por lo que lanzaron un llamado urgente a diseñar lineamientos de sustentabilidad para la producción de éstos.

Los congregados expusieron algunas de las tendencias mundiales en el desarrollo de biocombustibles y su potencial en México, y concluyeron que existen tecnologías ya muy maduras y aptas para su desarrollo en nuestro país; como la quema de biomasa de los desperdicios de la producción de madera.

Otra es el etanol, pero su desarrollo se mantiene en duda pese a contar con una madurez tecnológica para su producción, debido a sus potenciales impactos negativos en cambios en el uso de suelo y en seguridad energética.

Y existen otros diversos tipos de biocombustibles para los cuales las pruebas tecnológicas, en cuanto a su eficiencia para generar energía y para reducir los gases de efecto invernadero, están todavía lejos de materializarse.

“Las plantas son por naturaleza neutras en carbono y renovables. Esto hace que los biocombustibles sean la única tecnología carbono negativa”, comentó el ingeniero Fabián Espinosa Díaz de León, director General del Grupo Productor de Energías Limpias SA.

Sin embargo, “existen costos sociales ocultos en su producción, que es indispensable poner en consideración, antes de pensar en desarrollar una tecnología en específico”, señaló el doctor Oliver López-Corona, investigador en temas de medio ambiente del EQUIDE.

“Entre las externalidades que deben considerarse están: la competencia por tierras que de otra manera serían usadas para el cultivo de alimentos o para la restauración de bosques y selvas en el país”, agregó la doctora Alejandra Elizondo, investigadora en economía de la energía del CIDE.

Por otra parte, “la dependencia de la bioenergía también podría abrir las puertas a las crisis energéticas causadas por la sequía o la pestilencia, y los cambios en el uso de la tierra podrían tener efectos climáticos propios: la tala de tierras para cultivos energéticos puede producir emisiones a un ritmo más rápido que el que los propios cultivos pueden compensar”, apuntó el doctor Juan Manuel Torres-Rojo, economista forestal del CIDE y exdirector General de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR).

A la mesa de diálogo dieron la bienvenida la doctora Vanessa Pérez-Cirera, coordinadora de investigación en medio ambiente del EQUIDE; y la ingeniera María Ángeles Rodríguez Aguirre, presidenta de la Comisión de la Cambio Climático de la Cámara de Diputados.

Junto con las personas mencionadas también participaron el Ing. Benito López Martínez, director de Bioenergéticos Mexicanos; M.I. Giovanni Hernández, de la coordinación de Innovación y Desarrollo de la UNAM; Lic. María Isabel Ortiz Mantilla, asesora de la Comisión de Cambio Climático de la Cámara de Diputados; e Inés Hernández, asistente de investigación del EQUIDE.