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CUCS tiene nuevo Instituto de Investigaciones en Inmunodeficiencias y VIH

Ante los retos que enfrentan los médicos para controlar y erradicar el virus que provoca el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) y dar una mejor calidad de vida a los pacientes infectados, el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) abrió las puertas del Instituto de Investigaciones en Inmunodeficiencias y VIH, ubicado en el Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde”.

 


Actualmente hay ocho investigadores trabajando en nueve líneas de investigación


 

El instituto consta de un área de microbiología, para hacer detección de enfermedades como tuberculosis resistente a tratamiento, y está equipada con incubadoras, microscopios y campanas de flujo laminar; un área de inmunología, que tiene refrigeradores con capacidad para ultracongelar, lo que permite la estabilización de los ácidos ribonucleico (RNA) y desoxirribonucleico (ADN) del VIH.

Cuenta, además, con una zona de cultivos celulares para experimentos in vitro; otra de biología molecular, donde se mide material genético y de diagnóstico, informó la doctora Luz Alicia González Hernández, encargada del instituto.

El Instituto de Investigaciones en Inmunodeficiencias y VIH tiene ocho investigadores que desarrollan nueve líneas de trabajo. Cuatro de las principales son: 1. Disminuir la inflamación y prueba de fármacos para eliminar el virus; 2. Líneas de señalización; 3. Sobre microbiota, y 4. Infecciones oportunistas.

El Sida no es una enfermedad mortal, es controlable si el paciente es diagnosticado a tiempo y tratado. Los medicamentos controlan el virus en la sangre, pero éste sigue viviendo en los llamados reservorios o santuarios del organismo, donde los fármacos no son efectivos, como testículos, bazo e hígado. Científicos del instituto están enfocados en la prueba de nuevos fármacos para erradicar el Sida en esas partes.

El virus, al no ser eliminado del cuerpo, ocasiona que el enfermo presente un estado de inflamación crónica, que incrementa el riesgo de sufrir cáncer e infartos agudos al miocardio, de ahí la búsqueda de estrategias para disminuir la inflamación.

González Hernández explicó que los investigadores tratan de generar estímulos en el organismo que activen la señalización de las células en las que el virus está latente para poder atacarlo en esos reservorios, de manera que un medicamento dé con esa célula infectada y pueda matarlo.

En cuanto a los estudios de la microbiota, están centrados en las bacterias del intestino necesarias para el metabolismo de vitaminas, proteínas y carbohidratos.

Vivir con VIH modifica esta microbiota o bacterias, y esto puede generar problemas metabólicos y de absorción de nutrientes. Lo que sucede es que el enfermo elimina las células benéficas y se queda con las nocivas, que suelen introducirse en el torrente sanguíneo.

“Hemos hecho algunos estudios utilizando simbióticos, lo que significa usar un prebiótico –una bacteria benéfica, por ejemplo el lactobacillus– y un probiótico –el alimento de esa bacteria– para mejorar la microbiota intestinal y el estado inmunológico del paciente”, explicó la investigadora.

En la línea de investigación de las infecciones oportunistas como virus de hepatitis B y C, y tuberculosis, los científicos estudian la respuesta del organismo con VIH al infectarse con otros patógenos.

El paciente de Berlín, el hombre que se curó del VIH

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un virus que infecta y daña las células que protegen el organismo, las células del sistema inmune.

Sin el tratamiento farmacológico adecuado, esta infección produce inmunodeficiencia en el portador, el cual ya no podrá defenderse adecuadamente de los patógenos del ambiente.

Hasta hoy, se considera que la infección por VIH no tiene cura, pero existen casos peculiares en donde personas portan el virus sin sufrir las consecuencias de la infección; incluso se conoce un caso de erradicación completa del virus.

Estas singularidades dan pie a que científicos en todo el mundo investiguen posibles curas y tratamientos que permitan controlar la infección de forma diferente a la de los fármacos actuales.

En México esta labor se desarrolla en el Centro de Investigación en Enfermedades Infecciosas (Cieni), donde un grupo de investigadores desarrolla diferentes protocolos de investigación que permitan generar conocimiento que aporte a la búsqueda de una cura a la infección por VIH.

¿Por qué no se puede curar el VIH?

Los reservorios son la principal causa por la que no se puede curar la infección por VIH, explica en entrevista el biólogo Gonzalo Salgado Montes de Oca, investigador del Cieni, quien dirige la línea de investigación de persistencia y erradicación del VIH.

Estos reservorios son una población de células infectadas con vida media larga, formadas desde los primeros días de la infección, capaces de reactivar el ciclo de replicación después de suspender el tratamiento antirretroviral.

La existencia de células que funcionan como reservorio del VIH se descubrió desde los primeros años del uso de los fármacos antirretrovirales, cuando se observó que en la mayoría de las personas que suspenden el tratamiento, el virus podía ser detectado nuevamente dentro de los primeros 15 a 30 días.

Es importante mencionar que el tratamiento antirretroviral no logra reducir el reservorio de manera significativa, aun en pacientes con más de nueve años de tratamiento.

Las investigaciones al respecto arrojaron que existía un grupo de células que a pesar del tratamiento farmacológico permanecían infectadas debido a sus características naturales.

El VIH infecta principalmente un tipo de células del sistema inmunológico llamadas linfocitos T CD4+. El virus logra integrar su material genético en el genoma de la célula huésped, y después de que esto ocurre no hay forma de que los fármacos antirretrovirales o el sistema inmunológico identifiquen el material genético del virus que está integrado a la célula y lo combatan.

El linfocito infectado tampoco reconoce como extraño el material genético del virus que ahora está integrado a su genoma. Por ello, cada vez que la célula se divida y replique su material genético, replicará también el del virus creando más copias de él.

El escondite del VIH

Los linfocitos T CD4+ pueden ser encontrados en dos estados generales: 1) el estado activado y 2) el estado de memoria en reposo, detalla Gonzalo Salgado. Los linfocitos activados participan en el control de patógenos. Cuando el VIH infecta una célula activada, el virus es capaz de replicar; sin embargo, la vida media de una célula activada es corta, de tan solo unos días.

Por el contrario, las células que se encuentran en el estado de memoria en reposo tienen una vida larga, incluso de años, explica el investigador. Pues son estas las células encargadas de desarrollar la memoria inmunológica, es decir, la capacidad de las células para reconocer patógenos a los que hemos sido expuestos, incluso en la infancia temprana.

Cuando los linfocitos de memoria se encuentran infectados por VIH se dice que están en un estado de “reposo”, pues no pueden producir partículas virales; no obstante, si las células de memoria en reposo infectadas son activadas, pueden nuevamente producir partículas virales que infectan otras células.

Por esta razón, el virus puede prevalecer oculto en las células, incluso por años, y cuando se suspende el tratamiento antirretroviral es posible detectar nuevamente  los niveles de virus en plasma en la mayoría de los pacientes, detalla Gonzalo Salgado.

Una cura para el VIH

Existen dos abordajes principales mediante los cuales los científicos buscan una cura para la infección por VIH: uno de ellos es llamado cura funcional y el otro cura esterilizante, explica Gonzalo Salgado.

La cura funcional tiene por objetivo hacer visible el VIH para que el propio sistema inmunológico lo combata pero sin activar las células T CD4+, pues de lo contrario se crearía un círculo vicioso en el que se están matando reservorios del virus al mismo tiempo que se crean nuevos, precisa el investigador.

Cuando el VIH se encuentra “escondido” en una célula reservorio, no es posible para el organismo detectarlo. Lo que se busca es que estas células infectadas produzcan proteínas del virus que puedan ser reconocidas por el sistema inmunológico, para que otros linfocitos llamados T CD8+ puedan detectar y eliminar las células infectadas.

Estos linfocitos T CD8+ tienen la capacidad de matar las células infectadas a través de gránulos citolíticos y así combatir la infección por VIH.

Hasta ahora se han logrado avances en esta estrategia en estudios in vitro mediante el uso de fármacos; sin embargo, ninguno de estos tratamientos ha logrado reducir el tamaño del reservorio cuando es usado en pacientes, abunda Gonzalo Salgado.

Por otro lado, la cura esterilizante explora estrategias empleadas en padecimientos oncológicos, como el trasplante de células troncales, quimioterapia y otras metodologías, para erradicar las células infectadas.

El paciente que se curó

Solamente existe en el mundo un individuo que ha sido “curado del VIH”. Este paciente fue tratado mediante el enfoque que ahora se conoce como cura esterilizante, señala Gonzalo Salgado. Este individuo es ahora conocido como el paciente de Berlín y su caso ha sido ampliamente estudiado.

El paciente de Berlín era un individuo que, además de ser portador del VIH, sufría de leucemia mieloide aguda, un tipo de cáncer que se caracteriza por la rápida proliferación de células anormales que se acumulan en la médula ósea. Esta persona recibió un tratamiento intensivo contra la leucemia a través de radioterapia, quimioterapia y otros métodos. Después de ello recibió un trasplante de médula ósea de un donador muy particular. Este donador tenía un tipo de mutación que impedía que el VIH entrara a sus células, la mutación delta 32 de la molécula CCR5.

“Para entrar a una célula el virus requiere de la presencia de dos moléculas: el receptor CD4, de la membrana celular del linfocito CD4, y de un correceptor, normalmente el receptor de quimiocinas CCR5”, explica el investigador.

Ambas moléculas son importantes para el buen funcionamiento del sistema inmunológico; sin embargo, el virus ha evolucionado para utilizar estas moléculas como llave de entrada a las células.

“Pero una población muy baja de individuos a nivel mundial tiene una mutación en este correceptor denominada delta 32, porque hay una mutación de 32 aminoácidos en la proteína generada. Se sabe que esta mutación impide la entrada del VIH a las células”.

Se piensa que lo que sucedió en este caso fue una combinación de eventos que permitieron erradicar el virus. Primero, la terapia contra el cáncer eliminó una porción del reservorio y aunado a ello el paciente recibió un trasplante de células mutadas que no podían ser infectadas con VIH.

Posteriormente, el paciente de Berlín presentó la enfermedad injerto contra huésped. Esta enfermedad puede ocurrir después de un trasplante de médula ósea y ocasiona que las células “nuevas”, provenientes del donador, reconozcan y ataquen las células originales. Se piensa que este fenómeno coadyuvó a la eliminación de las células del reservorio que prevalecían en el individuo. El caso del paciente de Berlín ocurrió en el año 2007, y a la fecha, nueve años después, no se ha reportado que el paciente de Berlín presente nuevamente niveles de VIH en la sangre.

Gonzalo Salgado comenta que esta estrategia se ha intentado replicar en modelos animales y en otras personas, pero ninguno de los intentos ha sido exitoso, y explica que se necesitan más estudios acerca de estos casos no exitosos para conocer más del comportamiento fisiológico de los pacientes trasplantados.

En este tipo de cura lo que se busca es sustituir prácticamente todas las células T CD4+ del paciente. Esto se dice fácil, pero de la literatura del cáncer se sabe que  los linfocitos T en general solo son reemplazados en 30 por ciento, por lo que el reemplazo total de células T CD4+ no es fácil de lograr, explica Gonzalo Salgado. Las investigaciones en el Cieni tienen como objetivo detectar qué porcentaje de células originales persiste después de un trasplante, en relación a las células nuevas.

La niña de Mississippi

Existe otro caso en el que se pensó que un individuo se había curado de la infección por VIH, pero resultó que el virus se encontraba latente en las células reservorio: una niña, conocida como la niña de Mississippi, que nació por parto vaginal y se infectó en ese momento.

El tratamiento antirretroviral le fue administrado 33 horas después del nacimiento, lo cual controló la replicación del virus, pero la familia decidió suspender la terapia después de 17 meses.

Durante los siguientes 27 meses no fue posible detectar el virus en la sangre de la paciente y se pensó que el tratamiento temprano había curado a la niña. Sin embargo, el virus fue detectado en la siguiente medición y los médicos tuvieron  que reiniciar el tratamiento.

Esto pone de manifiesto el corto tiempo que requiere el virus para formar reservorios y la capacidad de sobrevivencia de los reservorios a largo plazo. El tiempo durante el cual el virus estará en reposo dependerá del tiempo de vida del linfocito de memoria infectado, especifica Gonzalo Salgado.

En estudios no relacionados con el VIH, se ha observado que adultos mayores de 70 años todavía presentan respuesta a vacunas que les fueron aplicadas cuando eran niños, a pesar de que nunca tuvieron contacto con la enfermedad en su vida. Es decir, tienen células de memoria que lograron sobrevivir durante toda su vida.

Gonzalo Salgado explica que tener mayor conocimiento sobre la biología de las células de memoria y su ubicación anatómica, además de su prevalencia como reservorios y formas de detectarlas, es fundamental para el desarrollo de una cura.

Por ejemplo, se sabe que menos de tres por ciento de los linfocitos T CD4+ se encuentra en la sangre. La mayoría de estas células está presente en el intestino,  los ganglios linfáticos y la médula ósea. Por lo cual, es necesario realizar investigación directamente en estos sitios anatómicos, aclara el investigador.

Controladores naturales del VIH

Otro de los enfoques abordados en el Cieni es el estudio y caracterización de las células de una población muy especial de portadores del VIH, llamados controladores y controladores de élite.

Estas personas tienen una característica única, controlan la infección por VIH de manera natural, sin necesidad de fármacos, y no llegan a desarrollar inmunodeficiencia.

La doctora Perla Mariana del Río Estrada dirige la línea de investigación encargada de conocer las razones por las cuales los controladores del VIH logran contener el virus y no presentar las alteraciones que el resto de la población con VIH llega a sufrir.

Las personas controladoras del VIH mantienen sus cargas virales en sangre a niveles muy bajos, por debajo de las dos mil copias del virus por mililitro de plasma, explica Perla del Río.

De forma convencional el tratamiento antirretroviral disminuye los niveles de virus en el paciente, lo que llamamos carga viral en plasma, pero no lo erradica por completo.

Cuando un paciente se reporta con niveles por debajo de las 40 copias por mililitro de plasma, que es el límite de detección de las técnicas convencionales, se sabe que el tratamiento es eficaz.

Los controladores de élite tienen un sistema inmunológico todavía más extraordinario, pues pueden mantener por años sus cargas virales en sangre menores a 40 copias del virus por mililitro de plasma, igual que un paciente cuyo tratamiento antirretroviral ha sido muy exitoso.

“Esta subpoblación representa menos de uno por ciento de todas las personas que viven con VIH. Para nosotros es muy importante saber cómo están controlando al virus, ¿existe algún mecanismo mediante el cual lo hagan?, ¿su sistema inmunológico es más fuerte?”, se pregunta la investigadora. Responder estas preguntas permitiría a las ciencias médicas conocer qué características del sistema inmunitario se requieren para que las personas combatan por sí mismas la infección por VIH.

«Por el momento estamos trabajando con muestras de tejidos linfoides de pacientes que ingresan al Cieni para desarrollar protocolos que nos permitan la búsqueda de una cura para la infección», concluye la investigadora.

En busca de una vacuna para el VIH

¿Sabías que el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca las células del sistema inmunológico, las mismas células encargadas de protegernos de este virus y en general de todas las enfermedades?

 Para generar conocimientos sobre cómo el VIH afecta la funcionalidad del sistema inmunológico, la doctora Perla Mariana del Río Estrada investiga las características e interacciones de todas las células de defensa de nuestro organismo.

Adscrita al Centro de Investigación en Enfermedades Infecciosas (Cieni), la investigadora explica que conocer perfectamente la reacción del sistema inmune ante el VIH ayudaría a la creación de una posible vacuna contra el virus.

Conociendo el sistema linfático

Una de las líneas de investigación que dirige Del Río Estrada tiene como objetivo estudiar las células del sistema inmunológico que se encuentran en el sistema linfático, específicamente en los ganglios linfáticos.

 Estudiar las células en este sistema es importante porque “solamente cinco por ciento de las células que nos protegen está en la sangre. El resto de las células se encuentra en el tejido linfoide, muchas de ellas en los ganglios linfáticos”, enfatiza.

Además existen otras dos razones que vuelven este sistema determinante en la investigación:

  1. Se ha observado que el VIH logra esconderse dentro de las células de los ganglios linfáticos y permanecer replicándose aun cuando el paciente esté en tratamiento.
  2. Aunque las vacunas generadas aún no han sido exitosas, estudios han demostrado que la respuesta inmunológica de los ganglios linfáticos es en la que más se ha encontrado asociación con la protección de una posible vacuna.

 Las investigaciones han llevado a caracterizar todas las células que se pueden encontrar en los ganglios linfáticos como células dendríticas, células T (CD4, CD8 y reguladoras), células NK y células B.

Del Río Estrada explica que la mayoría de los conocimientos en inmunopatogénesis del VIH proviene de estudios realizados en sangre y es hoy en día cuando ha repuntado la importancia de estudiar el virus en otros tejidos, donde se encuentra mayoritariamente.

 Los ganglios linfáticos son el lugar anatómico donde comienza la respuesta inmune, explica Del Río Estrada, “los eventos más importantes para que tu organismo reaccione fuertemente o logre eliminar una infección ocurren en ese tejido, donde también viven células que no vamos a encontrar en sangre”.

En los ganglios linfáticos se encuentran las células T foliculares, poblaciones de linfocitos B y de células dendríticas que solo existen en ese tejido y su función en iniciar y montar la respuesta inmunológica contra cualquier patógeno.

Además, estas células T foliculares, así como todas las demás T CD4, son células afectadas por el VIH y se ha visto que son reservorio del virus en los ganglios linfáticos.

 Alteración de los ganglios por el VIH

Por su anatomía, los ganglios linfáticos permiten la organización de las células en sitios específicos, a esto se le conoce como microanatomía, y permite la cercanía y el contacto entre poblaciones de células que necesitan interactuar entre sí.

“Cuando se encuentran con un patógeno, las células se van moviendo de una microrregión a otra y crean contactos temporales con sus vecinas. Son esos contactos los que permiten que se genere la inmunidad adaptativa entre las células T y las células B, que son las que producen anticuerpos”, explica la investigadora.

 Todo esto ocurre de manera muy organizada en los ganglios linfáticos, no en la sangre, que es tejido comúnmente estudiado.

Durante la infección por VIH, el virus, al preferir esconderse en las células de los ganglios linfáticos, desencadena una respuesta inmunológica aguda y deteriora la organización del tejido linfático.

“Se empiezan a acumular fibras de colágeno y suceden otras alteraciones, aparentemente esto impide que la respuesta inmunológica sea adecuada, que las células puedan tener ese contacto entre ellas o que se desplacen de un lado a otro. Con ello se ve afectada la producción de anticuerpos y la proporción de células cambia”.

 Vacuna contra el VIH

Los esfuerzos de investigación en el Cieni para la creación de una vacuna contra el VIH incluyen colaboraciones internacionales con laboratorios de Estados Unidos y demás partes del mundo. Institutos importantes como el NIH o universidades como la de Pensilvania y Boston unen esfuerzos en la búsqueda de esta vacuna.

 Las bases científicas mediante las cuales se desarrollaría la vacuna provienen de los conceptos de respuesta inmune innata y la respuesta adaptativa. La respuesta inmune innata es la que ocurre inmediatamente cuando las células reconocen patrones específicos en los agentes patógenos, pero estos patrones se comparten por grupos de patógenos, es decir, la característica de todas las bacterias o de los hongos o virus, no son específicas a cada especie, explica la investigadora.

“La respuesta adaptativa va un paso más allá, si el primer armamento no funciona, la adaptativa reconoce características muy específicas, antígenos que solo tiene un microorganismo específico”.

Después de hacer el reconocimiento, la respuesta adaptativa genera memoria inmunológica, es decir, que al volver a entrar al cuerpo el microorganismo es reconocido por un grupo de células específicas para este patógeno, que tienen la finalidad de atacarlo.

 «La ‘memoria’ de estas células del sistema inmune (células T y células B de memoria) son lo que nos permite generar vacunas, y estudiar su comportamiento ante la infección por VIH nos permite avanzar en este objetivo», concluye la investigadora.

Al no recibir tratamiento, el VIH va acabando con todas las células CD4 lo que lleva al desarrollo del sida y a la afección de los pacientes por enfermedades oportunistas.

Para estudiar las células, el Cieni cuenta con equipos de citometría de flujo multiparamétrica. Estos son instrumentos que permiten reconocer hasta 18 proteínas, de forma simultánea, en cada célula y así saber a qué población pertenecen. Además algunos equipos son capaces de separar hasta un sola célula de una muestra de sangre o tejido.

Antígeno: cualquier sustancia que el sistema inmune es capaz de reconocer y contra la cual puede montar una respuesta, ya sea celular y/o a base de anticuerpos.

Linfocito T CD4: tipo de linfocito. Los linfocitos (las células) T CD4 ayudan a coordinar la respuesta inmunitaria al estimular otros inmunocitos, como los macrófagos, los linfocitos B y los linfocitos T CD8 para combatir la infección. El VIH debilita el sistema inmunitario al destruir los linfocitos CD4.

¿Se puede prevenir la transmisión del VIH mediante programas de salud?

En México, la epidemia del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) está concentrada en ciertos grupos vulnerables: los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y los usuarios de drogas inyectables. Para combatir este problema, el Fondo Mundial financió un programa de prevención de tres años que se implementó en 24 ciudades que concentraban 72 por ciento de los casos del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) en el país.

Para evaluar los alcances y resultados de dicho programa, el maestro en economía de la salud Sergio Bautista Arredondo, junto con un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), realizó un estudio de efectividad e impacto social.

Desde el comienzo, la investigación mostró resultados sorprendentes, detalla Bautista Arredondo: «Al realizar una encuesta previa a la aplicación del programa se encontraron dos características inesperadas: 1. El porcentaje de VIH entre HSH fue de 17 por ciento en vez del 10 por ciento esperado. 2. Casi dos tercios de los individuos VIH positivos no sabían que estaban infectados. Esto es alarmante, porque una persona que no sabe que es VIH positiva no buscará tratamiento y podrá contagiar el virus con mayor facilidad» .

Estos primeros resultados fueron publicados en la revista PLOS ONE, en el artículo «Is the HIV epidemic stable among MSM in Mexico? HIV prevalence and risk behavior results from a nationally representative survey among men who have sex with men», que tuvo como primer autor a Sergio Bautista Arredondo.

Ya desde aquí se vislumbraba la importancia de evaluar si este programa de prevención lograría influir en las conductas de riesgo y los conocimientos de las personas que viven en contacto con el VIH.

El programa de prevención

El grupo objetivo del programa fueron hombres que tienen sexo con hombres, y las acciones de prevención incluían la entrega masiva y continua de kits de prevención (condones, lubricantes e información preventiva) y la aplicación de pruebas de detección de VIH.

Además se realizaron grupos de trabajo educativos para cambiar el comportamiento de HSH, trabajadores sexuales, mujeres transgénero y trabajadores de la salud, para generar actitudes y comportamientos.

La investigación científica

La investigación comenzó planeando un diseño cuasiexperimental para evaluar la efectividad, para ello el programa se aplicaría primero a 12 ciudades del país y seis meses después a las otras 12 ciudades. Esto permitiría comparar las diferencias entre individuos expuestos e individuos no expuestos.

Se realizaron entrevistas antes y después de comenzar el programa para poder comparar los cambios en las personas expuestas. En total se logró obtener información de seis mil 938 personas.

Pero los programas de intervención se implementan de acuerdo a sus propias necesidades; no atienden forzosamente los tiempos y necesidades de la investigación, sino sus propios tiempos y son la investigación y evaluación científica las que deben adecuarse a ellos, explica Bautista Arredondo.

Debido a esto, el desfase en la implementación entre todas las ciudades y la comparación de individuos con tratamiento temprano y tardío tuvo ciertas complicaciones, pues el resultado era un continuo de ciudades que habían comenzado la aplicación del programa de prevención en diferentes tiempos, explica el investigador.

«Esto sucede en los programas de todo el mundo, se dan eventualidades, pues echar a andar un programa así es un trabajo grande… Nosotros debíamos adaptarnos a lo que sucedió en la realidad, abordar el tema y evaluar el programa. ¿Y qué estrategia íbamos a emplear para enfrentar estos cambios? Es en estas situaciones donde los economistas debemos hacer uso de todos nuestros recursos estadísticos. Lo que hicimos fue emplear una estrategia de evaluación dosis-respuesta, consideramos el tiempo al que habían estado expuestas las ciudades al programa, como la dosis», afirma.

Los resultados

Los resultados, utilizando esta estrategia, indicaron que por cada año de exposición al programa los individuos tenían 3.4 por ciento más probabilidad de haberse realizado una prueba de detección de VIH, dos por ciento más de conocer su estado de VIH, mayor probabilidad en 4.7 por ciento de estar en tratamiento si eran VIH positivos y un decremento en 0.7 por ciento en su percepción de ser discriminados por trabajadores de la salud.

Sergio Bautista Arredondo recalca que dar información a los grupos vulnerables no es suficiente como única medida de prevención, se deben hacer intensas campañas de detección y vincular a los individuos VIH positivos al tratamiento, pues en una persona que se encuentra en tratamiento disminuye significativamente la probabilidad de transmisión.

Todos los detalles de la investigación se publicaron en enero de 2016 en el artículo «Impact and economic evaluations of a combination prevention programme for men who have sex with men in Mexico«, de la revista AIDS de la Asociación Internacional del SIDA. Como primeros autores están los investigadores M. Arantxa Colchero y Sergio Bautista Arredondo.